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02/12/2006

Entrega

Llevo varios días sin poder
desprenderme del recuerdo de tu cuerpo.
Es extraño y sorprendente,
después de tantos kilómetros
de caricias,
de tantas leguas
de peregrinar mi lengua
por tu piel
y sentirme todavía aturdido
y añorante.

Recuerdo los comienzos,
como tu búsqueda de deleites,
desembocó en una disciplina
y entrega a la tarea
que nunca había conocido.

Recuerdo tus primeras reticencias
de mujer liberada y dueña de si
cuando introduje mi polla en tu boca
por primera vez.
Cómo la lamiste con desgana
y como tuve que imponerme
para que comprendieras que el aprendizaje del placer
es igual que los suaves prados de hierba
que solo se alcanzan
cuando has dejado la piel de tus pies en el camino.

Aprendiste a mirarme a la cara,
a envolver mi glande con tu lengua
y a calibrar mi placer en función de tus avances.
Orgullosa como eres,
te superaste a ti misma
hasta disfrutar demorándote, al borde de la nausea
tragándotela entera
y sacándotela el tiempo justo
sólo para recuperar el resuello.
Repetias una y otra vez la hazaña
sintiéndote poderosa,
sabiendo que me tenias a tu merced.

Decidí después recompensarte
mostrándote desde aquel día
las ocultas corrientes telúricas
que subían por tu espalda
cuando acompañaba el vertiginoso giro de mi lengua
sobre tu clítoris
con la incursión de mi dedo
en tu ano.
Recuerdo también como te sentiste incómoda
y como tuve que hacerte comprender
que no se trataba de una humillación
sino de un premio
a los excesos de tu boca.

Aprendiste a relajar tu anillo,
a permitir la entrada cada vez más profunda de mi dedo,
a cerrarte y abrirte con las contracciones de tu vientre
y a aferrarte a mis manos
mientras me dabas las gracias entre suspiros y gemidos.

Agradecida otra vez, me animabas un dia y otro
a no descuidar en ti ese sublime placer,
tan facilmente aprendido que no esperaba la irrupción de un segundo dedo,
aunque a aquellas alturas
ya sabías que aquel dolor era el inicio de una nuevo tema
y ahogaste tus gritos sin reproches
tensando tu cuerpo
y abriendo tus piernas hasta
descubrir el placer oculto
en aquel sufrimiento.

La semana pasada fue el gran día,
tu cuerpo estaba espléndido,
tu coño húmedo como las flores empapadas por el rocío de la mañana
y tus ansias de placer infinitas.
Habías tenido ya tu primer orgasmo
mientras me demoraba follando tu coño
por detras y jugueteaba con mis dedos entre tus nalgas.
Sentí un deseo brutal
de correrme dentro de ti,
y coloqué la punta de mi polla
sobre el provocador ombligo de tu culo
y empecé a presionar lentamente.

Intentaste corregir como otras veces,
la trayectoria de mi polla hacia tu vagina
pero esta vez agarré con fuerza tu mano.
Inteligente,
comprendiste que era el momento de la entrega,
corregiste el ángulo de la penetración
en un esfuerzo último por reducir tu dolor,
tensaste una vez más tu cuerpo,
y susurraste "por favor, despacio, vida mia".

Poco a poco me fui hundiendo en ti,
sintiendo como reprimías tus lágrimas
mientras tu cuerpo se abría por detrás.
Agarré tus manos con las mias
y te susurré dulces palabras de consuelo
que te infundieron el ánimo justo
para iniciar un levísimo movimiento de vaiven
con el que me provocaste súbitamente el orgasmo.

Después te abrazaste a mi,
y besaste mi pecho, mojándolo con tus lágrimas
y llevándote algo de mi piel, o de mi alma,
que no he conseguido recuperar desde ese día.

02/12/2006 22:20 Autor: Disgresor. Enlace permanente. Tema: curriculum vitae Hay 15 comentarios.

19/12/2006

He renunciado a mi patria

He renunciado a mi patria
y me he declarado
ciudadano de tu cuerpo.
No quiero hablar otro idioma
que el que escucho en tus entrañas.

Los límites de mi horizonte
acaban en tu piel
que recorro palmo a palmo
con las yemas de mis dedos
que ahora son mis pies.

Soy un experto buscador
de humedales ocultos.
Mi lengua, mil veces mas sensible
que la vara de un zahorí,
vibra ansiosa presintiendo la presencia
en tu subsuelo
de tu dulce saliva,
de tu salado sudor,
de tu agridulce manantial vaginal,
y de la cérea miel que lubrica tu ano.

Ahora soy una extraña especie de exiliado.
Un exiliado feliz
que ha encontrado refugio,
cálido y feliz
y al que acoges
entre tus nalgas.

19/12/2006 21:30 Autor: Disgresor. Enlace permanente. Hay 19 comentarios.

31/12/2006

Tratamiento rejuvenecedor para corazones dañados

Busca un puñado de palabras amables
en tu mismo oido,
aquellas a las que no atendiste porque estabas
concentrada en tu propio dolor
o en tu propia resignación.
Tómalas ahora, anótalas en un papel,
pronunciátelas en un susurro, quema el papel
y mezcla sus cenizas con tu crema corporal.

Pide prestadas unas manos suaves,
entrégales la crema corporal
y diles que unten tu cuerpo entero,
despacio, hasta sentir que los poros de tu piel absorben
las palabras que anotaste.
Concéntrate en el tacto de los dedos
que abre el apetito dormido de tu cuerpo.

Consigue unos labios que te rocen suaves
y una lengua que limpie ahora tus poros de cenizas,
devolviendo a tu piel
las sensaciones ocultas
que creias muertas bajo el frio.
No temas estremecerte y gritar
hasta hacer desprenderse y caer
las cicatrices de tu corazón.

Agradece como es debido
las palabras, las caricias y los besos
devolviéndolos multiplicados
a quien los sepa disfrutar.

31/12/2006 20:51 Autor: Disgresor. Enlace permanente. Tema: etéreos Hay 16 comentarios.