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13/01/2007
Batalla contra el frio
El martes llegó diciendo que tenia frio,
un mal dia de trabajo,
una semana de tensiones.
Le quité los guantes de las manos,
y las conduje por debajo de mi ropa
sobre mi espalda caliente.
Dió un respingo,
intentando retirarlas mientras protestaba.
Sujeté sus manos y las apreté fuertemente
sobre mi piel
y detuve su amago de protesta
sellando sus labios con los mios.
Cuando su respiración se calmó
y sus manos se templaron
le serví una copa y le encendí un cigarrillo.
La escuché largo rato desahogándose sobre
la insoportable pesadez de los avatares cotidianos
y su voz me llegaba lejana
ahogada por la profundidad de su mirada
y por mi abstracción en la lectura
de los imperceptibles cambios
de la expresiones de su rostro
en tránsito hacia el sosiego.
Pero la batalla contra el frio
no había sido ganada como delataban
sus brazos cruzados sobre los hombros
y la postura encogida de su cuerpo.
De pronto se detuvo,
y me dió un beso en el que contrastaba
la frialdad de sus labios con la calidez de su lengua.
Levantándose me tomó de la mano
y me condujo al dormitorio
se desnudó solo de cintura para abajo
conservando su jersey de lana.
Yo me desnudé por completo,
al acompañarla bajo la manta
noté la frialdad de sus pies y sus piernas
y comencé a acariciar sus nalgas heladas
mientras sentía cómo la piel, erizada por el frio,
se alisaba al paso de mis manos como si fuese
ropa húmeda bajo una plancha.
El estremecímiento
al sentir sus manos glaciares sobre mis huevos
fue una sensación fugaz,
en comparación con la placentera sensación
que me produjo el suave y ritmico masaje
al que se aplicaron sus dedos.
Con suavidad introdujo mi polla erecta
en su cálido y húmedo coño,
al tiempo que se desprendía de los restos de su ropa
lanzándolos lejos de la cama
mientras exclamaba
¡qué calor!
28/01/2007
Sentirse uno
Es difícil llegar a sentirse uno,
a identificarme contigo con tal intensidad
que no pueda saber donde esmpiezas tu
y donde termino yo.
Es un aprendizaje lento y complicado
que necesita la fuerza y la constancia del deseo,
de un deseo tenaz
que hace del placer, virtud.
He conseguido aprender a estremecerme
al sentir el temblor que transmiten
las terminaciones nerviosas, bajo tu piel
al contacto de la yema de mis dedos.
Es difícil sentirse uno,
pero ya soy capaz
de volver a vivir cada sensación
de nuestro primer encuentro,
cuando aspiras profunda y lentamente
el aroma que brota de mi pecho.
Y que mi saliva, se vuelva salobre
cuando hurgas ansiosa con tu lengua
el hueco de mi ingle y la piel de mis testículos.
Pero todavía me queda un largo camino,
que me lleve a no saber
de quien es el miembro que rellena tus huecos,
a sentir que me penetras,
a saber que te acojo dentro de mi,
a respirar el aire que entra por tu boca,
a gemir con tu garganta
y a correrme cuando llega tu clítoris al borde del abismo.
